viernes, 4 de febrero de 2011

Notas para el debate sobre el desarrollo de Puno



Escribe: Guillermo Vásquez Cuentas
Publicado en LOS ANDES oct 2010

Hacia un nuevo “Modelo de Desarrollo”

Sabido es que nuestro subdesarrollo regional tiene como causa el “modelo” o “patrón de crecimiento”, basado en una estructura productiva primario-extractiva (agricultura, ganadería, minería) con escaso valor agregado y limitados eslabonamientos con la actividad manufacturera y de servicios. El lento crecimiento de la exportación de ciertos productos del agro y mineros que se viene operando, no hace sino confirmar el modelo.

Ese modelo ha generado, mantenido o apenas modificado en décadas una realidad global de Puno con muchos y complejos datos, entre ellos –lejos de alguna pretensión exacta y exhaustiva- los siguientes:

Economía periférica y subordinada a centros extra-regionales; incipiente industrialización e informalidad predominante en las pequeñas y pocas empresas de transformación; escaso apoyo financiero y tecnológico al incremento de la producción y productividad agropecuaria, pese a ser principal componente del PBI Departamental (entre el 25% y 30% de participación); deficiente organización y potenciación de la producción ganadera y lanera de las provincias altas; limitada e insuficiente organización y formalización productiva y gremial de la pequeña minería y minera artesanal (especialmente en La Rinconada y Ananea); insuficiente oferta de servicios turísticos aún a pesar de la ampliación de la infraestructura hotelera que se viene alcanzando; comercio informal y evasor de las obligaciones tributarias extendido en la zona de frontera; escaso desarrollo científico tecnológico evidenciado en la desvinculación de las universidades y centros superiores con la evolución y requerimientos socio económicos de la región; precaria atención a los graves problemas de contaminación ambiental, particularmente en el Lago Titicaca y en la cuenca de los ríos Crucero-Azángaro-Ramis; etc.

Todo ello mencionando aproximativamente y de pasada solo algunos de los deprimentes rasgos de la problemática social: Pobreza que cubre las más amplias capas de la población, un tercio y más de la cual presenta niveles de pobreza extrema o crítica; bajos ingresos reales (ingreso mensual per cápita de S. 350), altos índices de desempleo y subocupación; analfabetismo (15%), emigración (28%), desnutrición crónica (50%) reducida infraestructura de servicios básicos dada la carencia y/o insuficiencia de servicios de agua potable y alcantarillado en la gran mayoría de centros poblados (60%), cobertura limitada de servicios eléctricos no obstante los avances logrados en la última década (coeficiente de electrificación 40%); permanente ofensiva cultural foránea, que busca desparecer y desvirtuar, valiéndose del sistema educativo, la rica y multifacética cultura del poblador altiplánico, etc. etc. Y, por supuesto, hay más.

Si todo lo anterior es así, como lo es, entonces corresponde en estricta lógica buscar la superación o el mismo reemplazo de ese modelo.

En esta línea de pensamiento, expresando una opinión -como puede haber y hay muchas- nos permitimos afirmar que el futuro desarrollo debería de tener como base sustentatoria a las principales ciudades de la región y a la zona de ceja de selva y selva del departamento.

En consecuencia, una nueva Concepción Estratégica Global del Desarrollo Regional de Puno, en nuestra modesta opinión, debe priorizar el impulso de un patrón de crecimiento que combine de manera interactuante dos amplios campos de acción desarrollista:

Por una parte, fin permanente del modelo debe ser la afirmación e incremento del dinamismo de los circuitos económicos comerciales provenientes de La Paz, de Iquique y de Arequipa, para consolidar el gran eje Desaguadero-Ilave-Puno–Juliaca-Azángaro como el centro de gravedad regional, que explote debidamente su interconexión con la vía interoceánica -que en determinado tramo será parte de dicho eje- posibilitando vínculos comerciales con los países asiáticos del océano pacífico a través de puertos del sur peruano no solo a Brasil sino especialmente a la región de Puno.

El motor para alcanzar la finalidad de consolidación que acabamos de indicar, pensado como su objetivo principal, vital o nuclear (sin ser el único) debería ser la creación de una Zona Económica Especial de Desarrollo, cuya constitución y estatuto legal vise las reales necesidades del desarrollo regional sin privilegiar los intereses fiscales centralistas como ahora ocurre. La misión de este organismo debe ser no solo incentivar la actividad comercial y propender a la formalización de los agentes comerciales, sino especialmente promover la pequeña industria a partir de la búsqueda de mayor valor agregado en toda clase de productos que la región exporta o exporte en el futuro.

Por otra y a la par de lo anterior, el nuevo patrón de crecimiento tener como otro de sus fines permanentes, la superación del actual desaprovechamiento de los ingentes recursos naturales de toda clase existentes en de ceja de selva y selva del departamento, situación agravada por la precariedad o inexistencia de carreteras de penetración a dichas zonas. Frente a ello el nuevo modelo debería considerar una reasignación global e intensiva de recursos financieros disponibles para su empleo en el aprovechamiento sostenido del potencial de recursos naturales que ofrece dicha zona.

El objetivo central motor para facilitar la consecución de tal fin, debería ser la construcción del gran trapecio vial que cubriría casi toda la zona de ceja de selva y selva, y que quedaría formado, por un lado con el tramo de la vía interoceánica que pase por la zona en mención, por otro la carretera Sina–Yanahuaya, por otro la carretera Cuyo-cuyo-Crucero y luego por una “carretera marginal de la selva puneña” que partiendo de Putinapuncu llegue a la capital del distrito de San Gabán. En la construcción de esta nueva vía clave para nuestro desasrrollo debería ponerse todos los empeños por su calidad estratégica puesto que serviría de base de encuentro para todas vías de penetración que van por pequeños valles, como Coaza, Phara-Limbani o Patambuco.

En la concepción estratégica que apenas hemos bosquejado, si bien se tiene como base la consolidación del gran eje indicado y la explotación de la ceja de selva y selva de Puno, no se excluye ni limita las acciones de desarrollo que deberán impulsarse en otros múltiples campos de actividad económica regional, entre ellos: el cultivo extensivo e intesivo de quinua, la truchicultura, la ganadería alpaquera, producción de leche y sus derivados con pastos cultivados y alfalfa, entre muchos otros.

Las potencialidades aprovechables

Además de los nombrados en párrafos anteriores, podríamos señalar también el gran potencial hidroenergético que ofrece el flanco oriental de la cordillera de Los Andes, particularmente en el tramo denominado Cordillera de Carabaya. No hay cifras sobre el caudal total que discurre por los ríos que parten de esta cordillera y van a la cuenca amazónica, pero todos sabemos que es considerable. Solo en un tramo del Rio San Gabán se ha estimado la construcción de cuatro centrales hidroeléctricas (una de las cuales ya está en operación) con un total de 500 MW. La ideada CH de Inambari (Proyecto C. H. INA 200 ) sobrepasaría los 1,300 MW. Y hay muchas otras posibilidades para establecer caídas netas de agua para mover muchas turbinas. Habría pues suficiente energía para contribuir a la cobertura de la demanda interna y vender de los excedentes a ese gran mercado potencial que es Brasil, lo que sería el gran negocio peruano y puneño en este siglo.

La ganadería vacuna de engorde es una ya tradicional y típica actividad de cientos de miles de hombres y mujeres del agro puneño. Para elevar los ingresos de esa considerable parte de la población rural, aparece la necesidad de impulsar el mejoramiento de las variedades de ganado y la introducción de tecnologías de crianza y alimentación. Con esto se podría incrementar sensiblemente y a corto plazo, la producción de vacunos para su exportación en pié a los mercados tradicionales, con miras a comercializar a mediano plazo la carcasa de esta especie, procesada industrialmente.

En una región en la que se originó la domesticación de la papa, como es la de Puno, han hecho bien los pobladores de Chijichaya (El Collao) en tecnificar la producción de tunta, chuño blanco o moraya y exportarla. Iniciativas empresariales como esa, deben convocar atención y apoyo de los entes competentes y ser imitada en los casos del charqui y chalona, por ejemplo.

El caso de la quinua merece mención especial en razón que esta gramínea ha pasado a tener gran demanda interna y externa con precios que ameritan largamente la promoción de su cultivo extensivo e intensivo, puesto que familias campesinas minifundistas serían beneficiarios primarios y directos con su exportación tecnificada. Si en el caso de los camélidos y de la trucha se han creado sendos “proyectos especiales”, las condiciones actuales de la quinua justificarían la creación de uno que promueva la obtención de más y mejores rendimientos en su cultivo y su consecuente adecuación a las exigencias de los mercados.

No destacamos la siempre presente posibilidad de explotación de los grandes recursos mineros, especialmente auríferos de existentes en la gran ladera de la Cordillera de Carabaya, porque las experiencias en este campo han sido funestas para el medio ambiente y para la preservación de nuestros recursos naturales. Ahí está el caso de la criminal contaminación de las aguas del río Crucero-Azángaro-Ramis, el más importante afluente de Lago Titicaca y el más extenso de la meseta altiplánica y en cuyo recorrido pasa por decenas de nutridos asentamientos indígenas que no pueden utilizar sus aguas por estar envenenadas con ácidos, hierro y mercurio en valores por encima de establecidos para el consumo humano, para el riego de vegetales, para la vida de especies ícticas y para bebida del ganado.

En cuanto al uranio de Carabaya calculado tentativamente en 200,000 toneladas, debe decirse que en las posibles exploración y explotación se advierte los seguros e inminentes daños a la población rural, su hábitat, ecosistemas, ganadería alpaquera y no son pocas las denuncias sobre la posible contaminación radioactiva y la muerte de niños en las zonas que durante parte de la década de los 80 exploró el IPEN. Si bien se trata de una riqueza natural apreciable, su aprovechamiento deberá hacerse con la conformidad de las poblaciones de la zona y siempre que se haga de manera responsable, racional, cumpliendo estrictamente normas de control ambiental y sometiendo la explotación en sus diversos procesos a una auditoría permanente altamente especializada.

El Perú aparece en las estadísticas como segundo productor mundial de estaño. Ese estaño sale de la única mina de ese metal que hay en el país denominada San Rafael explotada por la empresa Minsur y con reserva comprobada de 11.3 millones de TM de mineral. La inmensa acumulación de capital que tal explotación ha generado no tiene sino muy limitados beneficios para la región Puno, debido, entre otras causas a la constitución legal de la empresa en la ciudad de Lima con el subsecuente abono de regalías en esa capital. La producción de la mina de San Rafael, ha permitido proyectar y construir al Grupo Brescia -al que pertenece Minsur- a un costo de US$ 30 millones, una fundición de estaño en Pisco, denominado FUNSUR; y, recientemente, efectuar una gran inversión no en el Perú, menos en Puno, sino en Chile.

En el tema de la minería, creemos que debe erigirse como gran política regional que, toda explotación de minerales por la gran minería o por la minería artesanal, para ser viable, debe garantizar totalmente un impacto ambiental nulo en contra del poblador puneño y la naturaleza y sobre todo beneficiar efectiva y preferentemente a la población del territorio en que los recursos se encuentran.

Los factores étnicos aymaras y quechuas

Ya es tiempo de que en todas las instancias administrativas del Estado en general y de la región Puno en particular, en las cuales se procesan y adoptan las decisiones políticas sobre desarrollo regional, partan del hecho incontrastable de que los indígenas, indios y cholos, constituyen las amplias mayorías poblacionales en Puno. Esta verdad de Perogrullo, sin embargo, ha sido continuamente soslayada por los planificadores del desarrollo puneño en todas las épocas, dado que en los estudios e investigaciones no se han utilizado enfoques, ópticas, perspectivas, puntos de vista desde los intereses de las masas indígenas, sino desde los intereses de los círculos burocráticos, que –salvo en tiempos recientes- siempre fue casi totalmente integrada por blancos o blanco-mestizos. Por tanto los diagnósticos de la realidad puneña así como los productos de la labor de planeamiento –aparte de sus defectos o bondades intrínsecas- estuvieron (¿o siguen siendo?) sesgadas y socialmente condicionadas por las necesidades e intereses de esa reducida capa social-burocrática, premunida de visiones localistas e inmediatistas orientadas a cautelar la permanencia de su status.

De ahí que pensemos que el “factor étnico” (es decir los indígenas puneños) estrictamente no tiene que ser “aprovechado” a favor del desarrollo regional, sino que tiene que ser él mismo, objeto primero y prioritario de los esfuerzos en pro del desarrollo integral. Como fin y no como medio. En definitiva, el desarrollo de las mayorías indígenas será el desarrollo de Puno. Este reconocimiento debería haber sido -y debe serlo- el punto de partida para la elaboración de cualquier concepción estratégica y cualquier planeamiento del desarrollo en nuestra región.

Proyectos en el agro

El diseño y aplicación de estrategias para el desarrollo económico y social de Puno, han incidido en la búsqueda de posibilidades de manera preferente en la parte de sierra, en el altiplano, sobre todo en su agricultura, ganadería y comercio. Sin embargo, permítasenos -en vía de ampliación de lo esbozado al principio- referirnos a uno de los aspectos del potencial regional poco explotado y que puede constituirse en factor competitivo para el futuro desarrollo de Puno: la zona geográfica de Ceja de Selva y Selva del departamento, que forma parte del territorio de las provincias de Sandia y Carabaya. Ambas provincias cuentan con importantes ventajas comparativas no sólo por su potencial de recursos naturales sino además por las notables posibilidades de incorporación de nuevas tierras al agro.

Sandia y Carabaya son espacios de expansión económica, con una baja densidad poblacional, y por su ubicación geoeconómica serán un punto estratégico macrorregional e internacional para la interconexión bioceánica Atlántico-Pacífico, a través de la Carretera Interoceánica, que partiendo de Brasil cruzará el norte del departamento rumbo a las costas y puertos en Arequipa y Moquegua.

La zona cuenta con microclimas tropicales, por lo que en ella puede desarrollarse una actividad productiva agrícola, especializada, la misma que se iniciaría con cultivos transitorios como el maíz, la yuca y el arroz, abarcando posteriormente aquellos cultivos que tienen gran demanda nacional e internacional como son el café, el cacao, arroz, caña de azúcar, camu-camu y frutales. La última etapa de este ciclo se cerraría con la agroindustria, desarrollando plantas industriales en el eje Sandia-Juliaca para la transformación y obtención de valor agregado en los productos naturales. En el caso del café puede darse el incremento de la actual exportación de café, cuyo mejoramiento se viene operando con sonado éxito gracias a la participación de órganos internacionales especializados. Como se sabe, el café puneño ha alcanzado prestigio mundial.

La actividad pecuaria aprovecharía las praderas de pastos naturales que bajan hacia Inambari y el Tambopata, con capacidad para albergar miles de cabezas de ganado.

El establecimiento progresivo de una agroindustria basada en el cultivo intensivo y transformación de frutales de toda clase y el cacao para orientarla hacia mercados de países del pacífico, encierra muchas posibilidades. Los pobladores de las aéreas cocaleras, encontrarían en el desarrollo de esa subregión puneña actividades que concreten la legalidad y el uso sostenible de los recursos naturales.

“En suma, los puneños no tendríamos por qué lamentar el cuadro social deprimente e injusto de pobreza generalizada que agobia a nuestro pueblo, porque la explotación racional de los ingentes recursos de sus zonas selváticas, sobraría para construir su bienestar”, dijimos en un trabajo anterior.

Puno no es pues un departamento con recursos humanos y naturales insuficientes como para aspirar a una situación de bienestar general con ciertos niveles de autonomía. Antes bien, sus riquezas son enormes y diversas, pero estamos lejos de que ellas sean íntegramente usadas en su desarrollo.

Otras posibilidades utilizables

En realidad Puno cuenta con notable variedad de posibilidades para sustentar su progreso. Señalemos por ahora solo algunas:

El turismo ofrece halagüeñas perspectivas de mayor progreso al logrado hasta la fecha. El año pasado (2009) poco más de 250,000 turistas extranjeros visitaron Puno y se espera que en el presente año esa cifra sea mucho mayor, pese a la crisis financiero-económica que afecta a todos los países, entre ellos a los que tradicionalmente han sido el origen de nuestros visitantes. Deberán ampliarse y mejorarse los lugares y actividades que constituyen atractivos turísticos, junto con la infraestructura de servicios de forma que gane en capacidades para atender la creciente afluencia de visitantes nacionales y extranjeros. La muestra de las ricas y variadas manifestaciones del arte popular del altiplano peruano ante los ojos de los visitantes, debería ocupar lugar preferente entre las tareas virtualmente pendientes de los agentes del turismo puneño.

La artesanía asentada en la utilización de fibra de alpaca y dirigida a su exportación principalmente a Europa, si bien muestra destacables avances, estos pueden ser largamente superados mediante la conquista de mercados asiáticos, previo afinamiento del aspecto organizativo de los productores artesanales y adaptación de tecnologías adecuadas a este tipo de actividad.

Creemos que hay filones interesantes en los pequeños y medianos talleres de metalmecánica, de telas y ropa, de calzado, bebidas, papel, etc., existentes en varias ciudades, pero muy especialmente en Juliaca. A partir de ellos, evolucionado hacia formas asociativas, puede empezar a construirse mayores estructuras industriales, que incrementen los modestos logros que ahora pueden mostrar. La Zona Especial de Desarrollo en el gran eje puneño a que nos hemos referido antes, debe jugar rol preponderante en el impulso a la actividad industrial en una localidad que tiene evidente vocación para ello.

La acuicultura y dentro de ella la truchicultura encierra potencialidades exportadoras cualitativa y cuantitativamente expectantes. Recientes datos así lo confirman. No obstante deben sopesarse los posibles efectos desfavorables de su práctica extensiva en los cuerpos de agua en los que se realiza esta actividad.

Hay, por supuesto, varias otras actividades económicas que esperan promotores y emprendedores, entre ellas, el tratamiento semi-industrial a las hierbas medicinales y a los derivados lácteos.

La problemática financiera

Mal crónico de nuestra burocracia regional es el bajo porcentaje que muestra la ejecución de sus presupuestos. Atribuimos como causa de ese hecho las insuficiencias en la preparación técnica y profesional del personal de los entes ejecutores, así como su poca experiencia en tareas de gobierno. Ello se agrava con el desembolso a veces tardío de los montos presupuestales por las autoridades centrales de economía y finanzas, lo cual dificulta cumplir cronogramas previstos.

Creemos en la capacitación permanente de los cuadros burocráticos del Estado y del Gobierno Regional con la finalidad de potenciar sus capacidades y otorgar mayor dinamismo y efectividad al gasto público. En esa línea de pensamiento debería examinarse la posibilidad de crear una Escuela de Estadistas, en la que los funcionarios y quienes pretendan serlo se adiestren teórica y prácticamente, antes de asumir cargos de responsabilidad, en gobernabilidad, administración y gerencia del ente público regional.

En cuanto a la inversión privada, esta parecería mostrarse reticente a operar en la región puneña porque sus expectativas del rendimiento del capital -demasiado altas- no tienen posibilidades de ser satisfechas dada la realidad regional. A ello se suma la escases de proyectos e incluso la ubicación geográfica y hasta el clima.

La Reforma Agraria y su secuela

La liquidación del estado de servidumbre en que se encontraban muchos miles de familias indígenas, por efecto del régimen latifundista, fue sin duda un gran hecho histórico de justicia social que bastaría y sobraría para justificar el proceso de reforma agraria desencadenado en 1969, independientemente de algunas consecuencias no deseadas en la producción agraria regional.

Es por demás sabido que la Reforma Agraria fue concebida como un proceso llamado a culminar en el desarrollo humano de los hombres del campo, en periodo más o menos lato. No consistía únicamente en liquidar el latifundio entregando la tierra a quienes la trabajaban, sino que buscaba impulsar la actividad agraria, consolidarla en lo económico productivo y, a la par, mejorar sustancialmente la calidad de vida del campesino, abrumadoramente indígena.

Lamentablemente ese proceso fue truncado casi en sus inicios, por efecto de los vaivenes propios de la vida política nacional, acarreando los problemas por todos conocidos. A la aparición y agravamiento de esos problemas contribuyeron personas y entidades que se aprovecharon política y económicamente del supuesto o real “fracaso” de esta reforma central en el proceso de cambios estructurales que inició el gobierno de la Fuerza Armada en 1968.

El tema es amplísimo. Ha sido y sigue siendo motivo de estudios críticos que no van a terminar. Por tal razón, tratar el tema en unos cuantos párrafos resultaría inconducente a una apreciación global y justa del tema.

El centralismo limeño

Desde nuestro punto de vista, la mejor propuesta de reforma política (más que meramente administrativa) es la refundación del Perú como república federal. Una República Federal Plurinacional, en cuanto condiga con las características básicas de nuestra sociedad: multiétnica, pluricultural, multilingüe.

Solo así las distintas regiones del Perú, entre ellas la de Puno, dotadas de la autonomía suficiente, podrán construir un destino promisorio para la futuras generaciones de puneños.

Debe liquidarse el Estado centralista unitario, porque responde solo a los intereses de la ya tradicional clase política peruana, escasamente renovada en los recientes lustros, acostumbrada a decidirlo todo desde Lima, a acaparar el poder y usarlo en provecho de sus propios contextos sociales.

También en este caso el tema da para mucho. Conforme evolucionen las ideas políticas en nuestro país el tema de la federalización de nuestro Estado, promovida por puneños desde los primeros tramos del siglo pasado, ha de cobrar vigencia incremental hasta hacerse realidad algún día.

El despertar de una conciencia de identidad indígena que se viene operando en las masas puneñas viene preñado de conflictos potenciales que se van manifestando en las coyunturas. La búsqueda de reconocimiento, las aspiraciones colectivas de reivindicación de derechos secularmente postergados y los naturales deseos de acceder a posiciones de poder, serán causa de luchas étnicas y políticas que tendrán que enfrentar este y los próximos gobiernos.

La clase política generalmente capitalina, la de antes y la de ahora, es la que menos derecho tiene para criticar la eclosión social campesina, no solo en Puno sino en el Perú, por ser la causante solidaria de la situación de atraso, de injusticia en que se debaten las mayorías indígenas, y en nuestro caso, las mayorías poblacionales de la región puneña.

En ese contexto, es pues cierto que la gobernabilidad desde Lima tendrá dificultades si es que no empieza en serio a ceder parte del poder político del Estado a las provincias del Perú profundo.

Chile no pierde de vista al Titikaka

La zona Norte de Chile se caracteriza por tener un clima árido en extremo y es considerada la región más desértica del planeta. En esta zona, la necesidad de agua es crítica. En la zona de Arica se han batido varios récords mundiales de escasez de precipitaciones. Cientos de miles de Has de tierras entre la línea fronteriza de La Concordia y el río Loa, pasando por el desierto de Atacama, no pueden ser incorporadas a la actividad agraria por falta de agua. La que se aprovecha por los pocos ríos que bajan de la cordillera andina y las que se toman de las filtraciones que vienen de la gran meseta, están lejos de ser suficientes.

En esa situación, la existencia –muy cerca de esos desiertos- de un inmenso vaso de agua suspendido a casi 4 mil metros de altitud, tiene que generar las más acendradas ambiciones.

Por tal razón, las aspiraciones de Chile de acceder al altiplano y aprovechar los recursos hídricos de la gran cuenca del Titicaca, para fines energéticos y de riego, son harto conocidas en todo el continente. Vienen desde 1922 en que el gobierno de ese país, esa vez al parecer con la buena disposición del de Bolivia, proyectaba derivar aguas de la cuenca para general 180,000 Kw e irrigar las pampas del Tamarugal. La pretensión se vuelve a hacer pública en 1950 en la IV Conferencia Mundial de Energía en Londres y con algunas variantes la repite en la V conferencia realizada en Brasil en 1954, proponiendo generar 1’700,000 Kw e irrigar 200,000 Has. En Chile y en el Perú .

Chile nunca ha dejado de lado esa aspiración. Antes bien ha inscrito entre sus objetivos nacionales uno que reza “Marcha a la montaña”, que debe leerse como acceso a las tierras altas, a la meseta collavina, seguramente en reconocimiento a la proyección geopolítica según la cual el altiplano peruano-boliviano y su riqueza hídrica determinarán el futuro del Perú y Bolivia e influirán en buena medida el destino de Chile.

Las tensiones que se generan de esos propósitos y vienen de Chile y Bolivia ponen a Puno en el centro de una situación potencialmente conflictiva.

Parece innecesario decir que sin agua, no hay vida ni cultura y que, quien controle el agua controlará la vida, el poder. Los chilenos lo saben bien y para efectivizar el aserto vienen montando una máquina de la muerte, invirtiendo miles de millones de dólares, tal vez para usarla en la coyuntura futura precisa, con la supuesta justificación de preservar su espacio vital.

Nuestro país está obligado a impedir esa aventura, adoptando las previsiones de una defensa nacional eficaz y haciendo que la comunidad internacional acondicione un sistema de relaciones que signifiquen real disuasión a la agresión de un Estado a otro.

El futuro de Puno

El Gobierno de la Región Puno, como todo organismo social o institución-cuerpo, para el cumplimiento de su razón de ser, cual es –en este caso- buscar permanentemente el desarrollo integral de los pueblos de la Región, requiere disponer de dos elementos fundamentales para procesar y encausar su acción política: Primero, el conocimiento profundo, cabal, íntimo de la realidad regional; y, segundo, una utopía, un sueño, una visión anticipada, una imagen deseada y deseable de una situación ideal de la Región, a configurarse progresivamente en un determinado lapso futuro.

Sin ambos elementos, la acción política del Gobierno Regional devendrá ineficaz y hasta en contraproducente con los propósitos permanentes de impulsar el progreso regional sostenido. ¿Por qué?

Porque, de un lado, sin el debido conocimiento de la realidad regional no estarán debidamente identificadas las verdaderas limitaciones y posibilidades para la forja y logro de ese siempre ansiado progreso, ni habrá luz clara sobre las reales necesidades, intereses y aspiraciones de los pueblos de la Región.

De otro lado, la creación y uso de los medios y recursos disponibles (siempre escasos) no se aplicarán racional y metódicamente en dirección a la configuración de la imagen objetivo idealizada, porque ella no existe, sino que se malgastarán en el uso a veces dispendioso, pero casi siempre improductivo, repetitivo, “cortoplacista”, insulso, dirigido preferentemente a la atención de las demandas de emergencia presentista. Es decir, el empleo de los recursos en la lucha política inmediatista, antes que en la acción política trascendente.

El conocimiento de la realidad, obviamente requiere del levantamiento científico de un diagnóstico integral, que las distintas aproximaciones realizadas en los últimos cincuenta años no han logrado satisfacer a plenitud. Cierto es que los funcionarios planificadores que han pasado sucesivamente por las oficinas del edificio que se levantó en el antiguo lugar de la Casa de Piedra, han presentado y siguen presentando “diagnósticos” y “visiones estratégicas” sobre el futuro puneño, a los jefes ejecutivos de los diversos organismos que se han turnado como ocupantes transitorios del edificio en mención; pero es igualmente cierto que tales “diagnósticos” y “visiones” más que basados en trabajosos estudios de campo han sido o son el producto de la especulación oficinesca de datos recolectados de aquí y de allá; y encima de todo ello, socialmente sesgada, como dijimos antes.

Al cambiar el membrete del organismo y al cambiar (a veces no) los funcionarios encargados de esta vital tarea, los nuevos “diagnósticos” eran reformulaciones de los anteriores, con remozadas estructuras y algunos datos actualizados. Sin embargo, resultaban “estudios” de gomero y tijeras, pues párrafos íntegros de documentos anteriores se copiaban en los “actuales”. Las pruebas abundan.

En el departamento de Puno no se ha hecho pues, hasta ahora, un gran estudio científico multidisciplinario de alto nivel, que abarque con la profundidad y amplitud debidas todos y cada uno de los aspectos de la realidad regional puneña. Ese conocimiento íntimo, cabal y total, científicamente obtenido es la inmensa tarea pendiente y gran desafío para todo Gobierno Regional.

En cuanto al segundo aspecto, que debe resultar en consecuencia del anterior y que está referido a la formulación de un proyecto integral para dibujar el futuro de la Región en su gran diversidad de aspectos, ha corrido igual suerte. Este es pues un segundo gran desafío, que debe enfrentarse, para que no andemos sin rumbo, erráticos, contradictorios, con acciones puramente coyunturalistas.

Lima octubre 2010

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